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10. De frente con la realidad "Diario de la Princesa de Tebas"

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10. De frente con la realidad "Diario de la Princesa de Tebas"

Mensaje por Bet'anya Agriosa el Dom Jun 19, 2016 1:33 am


11 de Enero, 9527 a.C.

Hoy no me podía creer que al entrar en aquel salón de Katoteros me fuera a enterar de la peor noticia que me podía esperar. Qué estúpida he sido!! La culpabilidad me corroe y ha sido hora de actuar.

Al cruzar las puertas del vestíbulo, mis primos Teros y Phanen estaban indagando sobre el símbolo que estaba dibujado en un colgante que tenía entre sus dedos. El colgante que yo un tiempo atrás le había entregado a Styxx para que le protegiera. El corazón me dio un vuelco y las tripas se me revolvieron solo de pensar por qué demonios lo tenían ellos y no su propietario.

Gracias al miedo que ellos me temían, conseguí que me dieran toda la información necesaria sobre #Styxx. Ni más ni menos, un año antes el cabrón de Apolo se lo había entregado a Archon como regalo mientras uno de los siervos del dios estaba en Dydimos haciéndose pasar por el príncipe. Malditos todos!! Solo de pensar como estaría él me hervía la sangre de la rabia.

Conseguí que me dijeran donde se encontraba y allí fui. El anfiteatro no era grande y no me costó mucho llegar donde estaban los presos para los juegos de los atlantes. Cuando lo encontré me puse enferma del estómago al ver en ese estado a Styxx. Sucio, demacrado, herido, como un animal salvaje, no parecía el hombre del que me enamoré pero en el brillante azul de su mirada aun podía verle.

Traté de acercarme a él pero su miedo era demasiado patente. No había forma de que entendiera que yo no iba a hacerle ningún daño, al contrario, solo quería su bienestar y lo conseguiría por mucho que pudiera costarme. Así que le mostré el colgante que le pertenecía. Una lágrima resbaló por su mejilla cuando se lo coloqué en su muñeca destrozada por los golpes y heridas alejándome de nuevo.

Le di un poco de agua y pan, aunque él se cercieró de que no estuviera envenenado para luego engullirlo como un animal que hacía días que no probaba bocado. Las lágrimas inundaban mis ojos solo por darme cuenta que todo eso era por mi culpa. Yo que le había jurado amarle, le había dejado solo y desprotegido. ¡Malditos sean! Maldije de nuevo.

Tenía que sacarle de allí. Era momento que actuara por su bien, así que destruí las cadenas que le tenían atado pero ni aun así se relajó. Hablándole con suavidad y con toda la paciencia que poseía conseguí que sujetara mi mano llevándole a mi templo en Katoteros.

- Aquí nadie te hará daño -le susurré aunque él seguía desconfiado. Le indiqué donde podría lavarse un poco mientras yo iba a por algo de comida. Al volver, me sentí un poco más relajada al ver como finalmente accedió a darse aquel baño que tanto le hacía falta pero nada más verme huyó al otro lado de la piscina. Con cautela me acerqué dejando la bandeja cerca de él para que pudiera tener acceso fácilmente a ella alejándome después para sentarme en un rincón observándolo.

Se movía como un animal herido, siempre alerta pero conseguí que comiera algo aunque fuera una simple manzana. Le acerqué después los utensilios para que se lavara y afeitara pero cuando vio la fornesta con mi emblema salió huyendo como si le hubiera dado una bomba, tratando de buscar una forma de salir de allí. Me costó explicarle que yo era la protectora de su Bethany. Ni en ese momento fui capaz de decirle la verdad, de que yo era ella y le amaba, ni siquiera en ese momento pude con la gran verdad que me mataba pero le expliqué porque le había atacado y que si hubiera sabido que era él jamás lo hubiera hecho. Al menos eso sí era verdad.

Después de todo lo que estaba haciendo por él, seguía creyendo que en cualquier momento la sala sería invadida por sus enemigos y lo atacarían, que me reiría de ver como le volvían a maltratar. Así que tuve que optar por la peor opción para que descansara y se relajara. Le envenené con algo que le quitaba la voluntad, así que le obligué a dormir soltando un leve suspiro cuando me tumbé a su lado abrazándome a él.

Recuerdos de nuestro pasado juntos me golpearon, pasado que nunca más volvería porque él no creería. No volvería a creerme y me odiaría cuando supiera toda la verdad.

- Nadie jamás te lastimará de nuevo, akribos. No se los permitiré -susurré cerrando los ojos durmiéndome también.

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Re: 10. De frente con la realidad "Diario de la Princesa de Tebas"

Mensaje por Styxx de Didymos el Dom Jun 19, 2016 3:06 pm

*Inspiré profundamente mientras despertaba. Me sentía tan cómodo y cálido que creí estar soñando, podía oler el olor a eucalipto y lirio que tanto deseaba volver a sentir, hasta que alguien rodó sobre la cama y me echó una rodilla sobre la entrepierna. Siseé de dolor y abrí los ojos para encontrarme con una mirada verde que hacía mucho tiempo deseaba ver* ¿Beth?

*Antes de poder pensar con claridad posé mis labios sobre los suyos, y rodé sobre ella mientras profundizaba el beso. Sabía que no podía ser real, pero sabía como ella, olía como ella… ¿Cómo podría ser un truco?

-Te he extrañado *susurré entre caricias y besos hasta que recobré la cordura y me aparté de ella bruscamente, gritándole que ella no era mi Beth. No podía ser ella, era un engaño y preferiría cualquier castigo antes de permitir que mancharan mi recuerdo de Bethany. Ella intentó hacerme creer que sí lo era, acercándose a mí, llamándome por mi nombre… Pero Bethany nunca me había llamado Styxx, para ella era solo Hector, así que me alejé de ella, arrastrándome por el suelo hasta quedar en la esquina del cuarto hecho un ovillo*

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Re: 10. De frente con la realidad "Diario de la Princesa de Tebas"

Mensaje por Bet'anya Agriosa el Mar Jun 21, 2016 12:31 am

~Diario de la Princesa de Tebas~

El cuerpo me temblaba solo por sentir los tiernos labios de Styxx en los míos, sacudiéndome por entera al llegar a mi cabeza todo esos recuerdos de cuando el príncipe y la diosa no existían, éramos simplemente Hector y Betany. Su sabor, su aroma y su tacto calaron por cada uno de mis sentidos dándome todo vueltas. Su pasión era genuina y no había nada que importara más que ese preciso momento en el que le necesitaba con cada fibra de mi piel pero todo dio un giro cuando él parecía despertar de lo que seguramente creyó que era un sueño.

Se apartó de mí como si estuviera huyendo de su peor enemigo, odiándome por creer que estaba jugando con sus recuerdos, con lo que más le dolía. No había forma de hacerle entender que yo era su Bethany, que estaba ahí para él, para ayudarle. Su rabia salía disparada de esos ojos azul cristalino atravesándome matándome si fuera posible.

El odio se apoderó de mí y decidí que lo mejor era dejarle solo, girándome para alejarme de allí e ir a ver a Archon para comprobar si el Rey Atlante sabía todo lo que a Styxx se le estaba haciendo. Pero para mi desgracia fue así. En ese momento me puse al lado de Apolimia comprendiendo el por qué de su odio a todos los dioses atlantes y tomé la decisión de no seguir ayudando a encontrar a Apostolos. Ahora mi único objetivo era vengar a Styxx. Vengar todo lo que le habían hecho durante su vida y sobre todo que de hoy en adelante fuera un poco más feliz. Después de esa asquerosa conversación con Archon y antes de matarle con mis propias manos, me trasladé a Didymos a comprobar todo lo que me habían contando.

Me extrañaba que nadie hubiera notado su ausencia durante se último año así que fui a ver directamente a la persona que mejor le conocía. Me aparecí frente al mentor del príncipe con la apariencia de un soldado griego preguntándole a Galen donde estaba el príncipe Styxx. Al principio estaba reacio a responderme, así que tuve que usar mis poderes para que me contara lo que pasaba por su cabeza. Él creía que Styxx había cambiado. Ni más ni menos. Que la guerra y tanto dolor le había transformado o estaba poseído por un demonio pero como el hombre leal que es no quería que nadie se enterara para que no lo llevaran de nuevo al Dionysion.

Entonces comprendí que era momento de ir a ver al "príncipe Styxx". En cuanto mis ojos se posaron en él, supe que era un impostor. Es más, lo había reconocido como Poena, el espíritu griego del castigo. Lo arrastré hacia mí empotrándolo contra una columna e increpándolo por todo lo que estaba haciendo. Por desgracia su información era pobre. Solo se estaba haciendo pasar por el príncipe porque así Apolo se lo había ordenado y suponiendo que era por arrogancia. Ese era el pecado de Styxx y no sabía si reír o matar al pobre desgraciado. Styxx podía ser cualquier cosa menos arrogante. Sabiendo que ya no podía sacar más del demonio le di un recado para Apolo. Nos veríamos inmediatamente en su templo.

Dejé al demonio para que se marchara donde le había ordenado trasladándome hacia el lugar de mi cita. El Dios no se hizo esperar y en seguida pude escuchar su voz a mi espalda girándome hacia él encarándole.

- Esto es simplemente una visita de cortesía para hacerte saber que he liberado a Styxx de su infierno -fue lo primero que quería que supiera. Se acabó el juego y no me importaba lo que dijera. La conversación fue transcedental dándome cuenta que el verdadero odio lo sentía por el hermano gemelo de Styxx. ¿Hermano gemelo? ¿En qué momento me perdi eso? Jamás él me había hablado de ningún hermano pero eso ya nada daba igual. No iba a dejar que Apolo siguiera maltratándolo de esa manera. No importaba si él me amenazaba con una guerra entre atlantes y griegos, no me importaba nada. Si había que ir a una guerra iría.

La conversación se iba tornando en mi contra porque él cada vez me preguntaba más por qué defendía a un mortal y que yo se lo había entregado para que hiciera con él lo que quisiera. Esas palabras se me atragantaron pero tenía razón. Fui tan ciega por suerte pude encontrar una respuesta que no me delatara más. Ser la diosa de la justicia me daba la facultad de ver cuando se estaba cometiendo una injusticia y con Styxx lo estaban haciendo. Pero nada podía sacudirle de todo eso, el príncipe era suyo y estaba marcado por él, asi que era hora de atacar fuerte y sacar toda mi artillería.

- Cuando estés listo para negociar, avísame -dije sin más girándome para marcharme hasta que la voz de advertencia de Apolo salió de sus labio sacando la ira que tenía enterrada en mi interior- tú eres el que necesita pisar cuidadosamente, recuerda quién es mi padre. Proclamas a Isis como tu madre. Yo lo sé a ciencia cierta. Set es mi padre, indiscutible, y a diferencia de tu panteón de mierda, él ha matado y mutilado a dioses. No sólo heredé sus poderes, sino que da la casualidad que soy la niña que adora. Su única hija. Cuando nací y Archon se negó a permitirle acercarse a mí, simplemente declaró la guerra a los atlantes y les sacó la mierda a golpes hasta que Archon estuvo de acuerdo en consentir a mi padre plenos derechos de visitarme en cualquier momento que él lo deseara. Y aunque no tengo el hábito de acudir corriendo a mi padre con mis problemas, lo haré por esto. ¿Estás preparado para eso, griego?- Entonces las negociaciones tornaron a mi favor. De un no rotundo, pasamos a que el Dios dejaría libre a Styxx si él se arrodillaba ante él y le suplicara. Sabía que estaba difícil pero lo conseguiría. Sin ganas de seguir con aquella discusión me marché volviendo al cuartel para buscar a Galen. Me presenté frente a él con la apariencia de Atenea. Le expliqué la situación de su querido Styxx y que más que nunca necesitaba de su ayuda. Vi la nobleza en sus ojos y le prometi que se lo llevaría al día siguiente hasta que se recuperara para que estuviera con alguien de confianza que sabía que le cuidaría bien.

Después de eso regresé a mi templo en Katoteros, cambiando de nuevo mi apariencia a una apolita rubia porque sabía que si me veía en mi verdadera forma volvería a asustarle por no confiar en mí siendo su Bethany. Le busqué hasta que lo encontré en el balcón sentado en el suelo con la mirada perdida.

- ¿Styxx? -al no recibir respuesta me acerqué arrodillándome a su lado explicándole que para que Apolo lo dejara libre tenía que suplicarle de rodillas- ¿podrás hacerlo?

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Re: 10. De frente con la realidad "Diario de la Princesa de Tebas"

Mensaje por Styxx de Didymos el Mar Jun 21, 2016 3:21 pm

*Nada me apetecía menos que volver a presentarme ante Apolo y justamente para arrodillarme ante él, pero mi orgullo era algo que había sido roto, pisoteado y olvidado tiempo atrás* Claro, ¿qué importa? ¿Por qué no? ¿Y cuál será el pago por tus servicios? ¿Querrás también acostarte conmigo, en público o en privado, o prefieres que te pague con sangre? Te ofrecería mi alma pero ya está condenada...

*Ella preguntó por la mujer que ocupaba mi corazón pero no contesté, en cambio me perdí en mis recuerdos de Bethany, sobre la primera vez que le había confesado que la amaba. Mis pensamientos se vieron de nuevo interrumpidos cuando preguntó si podía traerme algo y manifestó una cesta de manzanas preguntándome por qué me gustaban tanto. Acheron solía traérmelas a escondidas cuando mi padre me enviaba a dormir sin comer nada. Me pidió que comiese así que me terminé la cesta de manzanas, tenía tanta hambre que no dejé ni rastro y mientras me limpiaba la boca después de comer ella vio un destello brillante en mi lengua, eran las bolas de plata que Apolo había puesto en mi lengua cuando me había llevado al Olimpo. Ella colocó sus dedos sobre mis labios y usó sus poderes para hacerlas desaparecer*

*Me llevó a la cama y me arropó hasta que me quedé dormido, pero mis sueños no eran mucho más plácidos que la realidad, así que decidió despertarme tan solo un poco, lo justo para no recuperar del todo mi lucidez. Creyendo estar aún en sueños, la besé ardientemente, permitiendo que sus besos y caricias opacasen por un momento el tormento del último año. Sus manos y su lengua recorriendo mi cuerpo hacían que todo pareciese real en vez de un sueño. Cuando tomó mi miembro en su boca me arrancó un gruñido de placer, ¿cómo podía un sueño ser tan vívido? Necesitaba que fuera real, aunque solo durase un latido. Coloqué mi cuerpo sobre el de ella y me deslicé en su interior, mientras la abrazaba y le susurraba al oído cuanto la amaba como solía hacer en un tiempo que parecía ya muy lejano. Tras el clímax, con la cabeza apoyada en su vientre, por fin pude dormir profundamente por primera vez en mucho tiempo*

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