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Misión: Salvar el mundo... otra vez (Viktor & Styxx)

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Misión: Salvar el mundo... otra vez (Viktor & Styxx)

Mensaje por Styxx de Didymos el Dom Feb 05, 2017 6:43 pm


Desde que había hecho las paces con Ash, mi hermano comenzaba a confiar un poco más en mí. Contaba conmigo para cubrirle las espaldas cuando lo necesitaba y esta vez era cuestión de vida o muerte. Pero no solo la nuestra sino la de todo el planeta. Con tantos bandos intentando desatar el apocalipsis había que andar con mil ojos y no siempre éramos capaces de atajar el problema antes de que fuera demasiado tarde.

Actualmente, mientras estábamos ocupados tratando de mantener a raya a los gallu otro grupo de demonios residente en Europa había conseguido robar un objeto muy valioso, custodiado por were halcones en un Santuario de Europa del este masacrando a todos los allí presentes para crispación de Savitar. El chthonian estaba que echaba chispas y Acheron temía que fuese a exterminar a medio país si le dejábamos solucionarlo por su propia mano. Acheron tenía sus manos ocupadas con sus propios adversarios: los daimon, los gallu y los pañales… Así que a mi hermano se le había ocurrido la brillante idea de enviarme a mí a arreglar el problema, según él Savitar no aceptaría  ningún otro sustituto y le arrancaría las pelotas si enviase a arreglar el desaguisado a  cualquier recadero.

Como resultado, con mi mochila al hombro, mi espada camuflada bajo mis pantalones negros de bolsillos y un humor de perros me despedí de Bethany en Katoteros y destellé al mundo humano. Concretamente aparecí en las afueras de un pequeño pueblo ucraniano situado al pie de una montaña en los Cárpatos. Había estado allí durante mis viajes y era el lugar conocido más cercano al santuario de los halcones al que podía destellar sin el riesgo de aparecerme en medio de una pared o caer de bruces sobre las rocas de un un acantilado. Los poderes de un chthonian no eran algo fácil de manejar y después de 11000 años acostumbrado a ser un humano el período de adaptación sería largo y tedioso.

Una vez en el lugar de destino saqué el mapa y eché a andar. Casi una hora más tarde pude encontrar un coche y conseguí que me acercasen a la ciudad de mi destino. Buscar el santuario no fue difícil, en cambio, convencer a los pocos halcones que quedaban para no unirse con clanes amigos e ir a por los demonios armando un escándalo entre los humanos sí fue toda una hazaña. Por suerte habían investigado lo suficiente para saber dónde se encontraba la guarida de los demonios y un primo de las víctimas y varios de sus amigos se ofrecieron a acompañarme como guías y refuerzo en caso de que las cosas se pusieran feas. Puesto que la zona donde se ocultaban los demonios estaba rodeada de viviendas humanas debíamos proceder con precaución.

Un viejo y destartalado edificio que lucía abandonado se erigía en medio de una urbanización de bajos recursos. Las ventanas tapiadas le daban un aspecto tétrico en contraste con el resto de la urbanización y el colorido parque infantil que había al final de la manzana. Esperamos a una hora prudente para evitar ser sorprendidos por algún vecino curioso y luego rodeamos el edificio en busca de la mejor opción de entrada. Mientras los halcones buscaban alguna ventana trasera mal cerrada yo me dirigí a la puerta principal y la pateé provocando que se abriese de golpe y armara un estruendo al romperse contra la pared.

Los halcones corrieron hasta posicionarse detrás de mí.

—¿Has perdido la cabeza? Menos mal que planeábamos una entrada discreta… —comentó uno de ellos.

—No tengo tiempo para perderlo con sutilezas —contesté entrando en el edificio.

Los demonios, que se habían percatado de la amenaza ya se estaban preparando para atacar. Saqué mi espada y accioné el dispositivo que transformaba el brazal que portaba en mi antebrazo en un escudo, un arma cortesía del escudero Kell que ya se había convertido en uno de mis accesorios imprescindibles.
Uno por uno los demonios fueron cayendo bajo mi acero ante la atónita mirada de los halcones.

—¿Para qué hemos venido de refuerzo? No lo necesita… ¿Para eso me pierdo yo el partido? —Refunfuñaba el más joven, que a penas había pasado la pubertad, mientras se cruzaba de brazos.

Cuando quedaban solamente dos en pie, quienes por su parte parecían el líder y su segundo al mando los acorralé y prometiendo que no les haría daño conseguí que me devolviesen el pequeño tapiz que habían robado. En él, podía observarse una antigua leyenda sobre un dios pagano, cuyo despertar podría acabar con el mundo en cuestión de horas. En el dorso del tapiz estaba escrito el cántico para despertar a ese dios que debía ser leído por aquel cuya sangre descendía del propio dios en una noche de luna de sangre.

Los dioses y su pasión por los tópicos, pensé con resignación.

Una vez tuve el tapiz en mi mano guardé mi escudo retráctil y mi espada y me dí media vuelta, enfrentando a los halcones.

—Todos vuestros, no dejéis suficiente de ellos como para que lo huelan las alimañas…

Los demonios comenzaron a gruñir y soltar alaridos.

—Juraste por el río Styx que no nos harías daño! —Gritó el demonio al mando.

—Eso hice. Nunca dije que ELLOS no os harían daño. —Miré al halcón cuya familia había sido masacrada y asentí con empatía. —Es hora de vengar las muertes de tus seres queridos. Suerte, amigo. —Estreché su mano  y salí de allí sin mirar atrás, ignorando los alaridos de dolor de los demonios al ser despedazados por los halcones.

Con la primera parte del plan completada ya solo quedaba llevar el tapiz a un viejo amigo de Acheron para que pudiese ponerlo a buen recaudo. Aprovechando que estaba en la ciudad y mi hermano acababa de proporcionarme una nueva licencia de conducir alquilé un coche para ir a buscar al tipo. Aunque las nuevas tecnologías se me resistían… mucho… conseguí programar aquel aparato infernal llamado GPS para llegar al lugar acordado. Rezando a los dioses antiguos para no acabar en la India por culpa del dichoso aparato comencé a conducir en dirección a la frontera con Rumanía.

Después de pasar varias horas conduciendo, paré en un bar de carretera para comer algo y tomarme una cerveza. Dejé el coche en el aparcamiento y me eché la mochila al hombro para entrar en el bar. La tenue luz amarilla de las lámparas que colgaban del techo apenas iluminaba las caras de los allí presentes. El ambiente no parecía demasiado amistoso e intuía que no les gustaban demasiado los forasteros. Me acerqué a la barra y pedí una cerveza y un sandwich para quitarme un poco el hambre y continuar el viaje con energía.

Mientras comía tranquilamente una extraña presencia hizo que se me erizaran los pelos de la nuca y un escalofrío recorrió mi espalda cuando la puerta del local se abrió con su característico sonido de bisagras oxidadas. En tan solo unos pocos segundos el bar se llenó de demonios en su forma natural. Los humanos entraron en pánico, podía oír sus gritos tanto dentro como fuera de mi cabeza. Todos eran conscientes de que iban a morir y la sangre no tardó en teñir el suelo de rojo. Ante su supperioridad numérica no pude hacer nada por salvar a los humanos  por mucho que peleé contra ellos todo lo rápido que pude y en el fervor de la lucha varios demonios  consiguieron llevarse mi mochila sin que me diese cuenta. Mientras terminaba con los demonios  que quedaban los demás ya se habían ido y para cuando pude darme cuenta de que mi mochila y por lo tanto el tapiz habían desaparecido era demasiado tarde. Limpié aquel estropicio como pude para que la masacre no trascendiese en el mundo humano y salí de aquel lugar en busca de los demonios.

No habían dejado más rastro que un portal y era demasiado tarde para  volver a abrirlo. Estaba claro que iban a por el tapiz y no iba a recuperarlo facilmente.

—Perfecto, como no tengo nada mejor que hacer un viernes por la noche que buscar a un montón de demonios apestosos… A Ash le va a encantar esto.

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Re: Misión: Salvar el mundo... otra vez (Viktor & Styxx)

Mensaje por Viktor Petcu el Mar Feb 21, 2017 1:47 am

Viernes por la noche, no existía mejor día para lanzar la flojera y disfrutar de la noche en compañía de la cerveza que ese justamente... Bueno, en realidad desde mi perspectiva cualquier día era bueno para eso, así que no tenía muchas razones para quejarme al respecto. Aún así, viernes era viernes, y era un día intocable para personas que, como yo, gustábamos de la buena vida y de consentirnos un poco. ¿Quién me daría mimos, que no fuera yo mismo o mi madre? Aunque claro, no todos aplicaban la lógica común y, en cambio, optaban por ser unos amargados rompe-pelotas y arruina vidas, como lo era justamente mi jefe querido. ¿Quién como él?
Refunfuñando, porque de no hacerlo dejaría de ser yo, me encontraba en medio de un chequeo rutinario por el vecindario en búsqueda de actividades anormales para, de darse el caso, notificárselo a Velkan, cuando vinieron hacia mí corriendo, y sin tener ni la más remota idea de dónde salieron, unos sujetos que fueron a chocar contra mi hombro, provocando que casi perdiera el equilibrio.
¿Pero qué carajos...?
Volteé a ver por encima de mi hombro, perplejo, al tano que era testigo de cómo uno de ellos dejaba caer una mochila al suelo debido al impacto contra mi cuerpo. Estuvo a punto de regresarse por ella, cuando fue consciente de su pérdida, pero al verme se detuvo de golpe y, dedicándome la peor de las amenazas visuales, siguió a su grupo para después desaparecer tras una esquina. Tragué en seco y fruncí el ceño, tanto confuso como inquieto. Aquellos sujetos... No, no eran humanos, y tampoco eran 'algo' con lo que yo me hubiera topado antes. Sin dudarlo fui tras ellos, pero cuando me asomé tras la esquina me encontré con... nada, finito, habían desaparecido como si de un movimiento de varita se hubiera tratado. En serio, ¿qué demonios había sido todo aquello? No tenía ni la más remota idea de si aquello debía ser contado como algo por lo cual alarmarse o dejarlo pasar.... aunque la sensación del cuerpo ajeno en contacto con el mío había sido jodidamente desagradable, como si ahora me encontrara 'impuro' y lleno de pulgas.
Joder, ahora tendré que darme un baño cuando regrese a casa... y yo que estaba huyendo de ello —mascullé, molesto, mientras regresaba mis pasos. La pregunta del millón ahora era... ¿Debía informarle a mi jefe de dicho suceso?—. La mochila de los tipos estos... —respondí para mí cuando la incógnita me asaltó una vez que mis ojos azules se encontraron con el objeto oscuro. ¿Qué tanto tendría? Miré a todos lados, verificando que nadie me estuviera espiando, antes de atreverme a echarle una mirada al contenido de la misma—, en fin, ojos que no ven, corazón que no se entera —canturreé mientras me ponía en cuclillas y abría con suma porsimonia la maleta, como si esta tuviera en su interior el mayor secreto del mundo, pero...
No, definitivamente no me había esperado aquello... ¿Qué rayos era aquello? ¿Un pergamino?
Uy, me habré encontrado con la gallina de los huevos de oro si resulta ser la primera versión del kamasutra —comencé a desdoblar la antigua tela, con mucho cuidado, y a deslizar mi vista por encima de su superficie, tratando de decifrar qué demonios estaba escrito allí.

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